Adolfo Montes
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Adolfo Montes

Me recuerdo de niño, siempre entre pinceles, papeles y lapiceros. Mi padre era un hombre esencialmente generoso, un privilegiado dentro de su complicado oficio. A su determinación debo mis años en la Escuela de Cerámica de Madrid (1978-1983).
Allí conocí al pintor Antonio Rodríguez Marcoida que fue mi profesor de dibujo y un maestro a la antigua usanza, tuvo el interés suficiente como para «becarme» en la Escuela-Taller «Infantas 32», junto a Marcoida, Andrés Barajas y Paco Alonso Piñuela. Aprendí a dibujar, pintar, estampar y esa forma de Alquimia que llaman grabar. A conocer como funciona este mundo del Arte desde dentro y como se mueven los elementos que lo integran. 
Con ellos trabajé enseñando a dibujar, grabando para mi y para otros, estampando y realizando mi obra mientras me formaba en todos los aspectos, no todos artísticos. También me hice socio del Círculo de Bellas Artes para trabajar del natural.
Por las mismas fechas el ceramista Juan Manuel Llacer profesor en la Escuela de Cerámica, me contrató por tres años para impartir clases de esmaltes y decoración en su Academia «Faenza».
Realicé tallas en piedra y madera con los escultores Manuel Álvarez y Enrique Cabildo. Fundí en bronce, en plata y en oro, tallando ceras, escayola o modelando en barro.
Exposiciones individuales y colectivas de pintura, dibujo, grabado y cerámica. Ilustraciones para el periódico «Pueblo» y la revista «Joyce», principalmente. Cursos de cerámica, concursos, encargos, etc… Tiempo después, por circunstancias, retomé la cerámica. Mi taller «Volterra» (1985-2012), especializándome en la realización de murales y fachadas de gran tamaño.

Exposición Virtual de Artistas 
#CreaEnCasaYComparte

En este momento regreso a los orígenes: el dibujo. el dibujo puro, sin trampas, poco más.
Supongo que todos los procesos creativos en el fondo, son similares. Ideas, dudas e incertidumbres, situaciones epistémicas. En la forma la cosa cambia, cada uno tiene una manera de resolver los problemas que se van planteando. Esta manera es lo que llamamos estilo y es algo muy personal en algunos individuos, en otros no. Estos últimos absorben como esponjas mal formadas cualquier modo que se adecue a su carencia de talento. Es complejo, porque el acto creativo es una lucha, una lucha que te absorbe, que se come tu tiempo y domina tu espacio, difícil de manejar. Cuando escucho decir a alguien que le relaja el proceso, me pongo a temblar

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